Ustedes se preguntaran a que viene esta serie de cuestionamientos, no se supone que había dejado mis historias de amor en el episodio en el que Roby se fue a Italia. Debo confesarles que hasta hace un par de semanas, yo pensé lo mismo, pero mis días cambiaron radicalmente cuando sentada en una banca de la Facultad de Ciencias Políticas, un estudiante de un semestre más avanzado, me sonrió desde su salón de clases. A este personaje, lo vamos a llamar Señor X (por muchas razones debo proteger su identidad). Yo, inocentemente, le sonreí de vuelta, en un intento por no ser tan creída como acostumbro y hablarle a alguien que no sea parte de mi pequeño circulo social. Por la hora, deduje que su clase apenas comenzaba y debía durar al menos dos horas, yo estaba en un descanso entre clase y clase,el me sonrió unas 4 veces en unos 15 minutos hasta que finalmente se armó de valor, recogió todas sus cosas y se salió del salón de clases en medio de lo que parecía una discusión acalorada sobre la reforma del Poder Judicial. Se me acercó y dijo: Hola, soy el señor X, a lo que yo respondí: mi nombre es Mary Anna, gusto de conocerte...luego me dijo que si quería tomarme un café, con gusto acepté. Cualquier persona que medianamente me conozca, sabe que el café no es una de mis bebidas favoritas, para serles sincera, lo detesto. Sin embargo, para mantener mis buenos modales, no sólo me tome el café con el, sino que además, comenté lo delicioso que estaba (no me juzguen muy fuerte, la mirada del Señor X, tiene poderes, se los aseguro) Desde ese día hemos salido varias veces, tenemos interminables conversaciones telefónicas, pero todo fuera del contexto universitario, porque si alguien se llega a enterar que estoy saliendo con el Señor X, no quiero pensar lo que llegaría a pasar.
Y por eso es que comencé a hablarles del amor, yo no estoy enamorada de el, para nada, al menos no por ahora, pero leyendo el libro: Vivir, amar y aprender de Leo Buscaglia, quien de manera simple explica, como vivir en amor, me di cuenta de que nosotros los seres humanos, a pesar de tener una necesidad constante de amar y ser amados, nos limitamos desde todo punto de vista, siempre pensando en que va a pensar la otra persona, o el resto del mundo, cuando al final, ponernos freno a la hora de amar, sólo nos deja con una maleta llena de arrepentimientos y tristeza. Uno de los mensajes que más me impactó de este libro es el aprender a construir puentes y no barreras...voy a seguir meditando en esto a ver si me decido a ser más sincera conmigo y con el mundo a la hora de amar.
Por ahora voy a llamar al Señor X a ver que está haciendo...no comenten nada. Gracias